Formación Inicial

  • Postulantado

    «Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él» (Mc 3, 13).

    El postulantado es tiempo de preparación y transición de una vida que se deja a otra que se desea; tiempo de afianzamiento en la vocación y adaptación progresiva a la vida religiosa comunitaria. Esta etapa del postulantado dura de seis meses a dos años, según los casos.

    En este período de discernimiento, se ayudará a la postulante en el conocimiento personal y de la vida y misión del Instituto. Es una etapa previa al noviciado. En él, la postulante debe ser iniciada en una formación humana, cultural, espiritual, pastoral y teológica, poniendo cuidado en armonizar estos aspectos. Se pide a la joven apertura para recorrer con generosidad el camino formativo, y madurez suficiente para elegir con libertad la vida consagrada concepcionista. (CC 83,84)

  • Noviciado

    “Este es mi Hijo amado, escúchenlo”. (Mc 9, 7).

    El noviciado es un período de iniciación a la vida religiosa en la Congregación.

    Tiene como finalidad, que la novicia siga discerniendo la llamada de Dios, que experimente la vida religiosa según el carisma concepcionista y vaya conformando la mente y el corazón con el espíritu del Instituto. Igualmente, en esta etapa, que dura dos años, son comprobadas la intención e idoneidad de la novicia. La novicia profundiza en la experiencia de Dios, para ir asumiendo progresivamente los sentimientos de Cristo. Se inicia en el itinerario espiritual concepcionista, a través del conocimiento y vivencia del carisma y espiritualidad congregacional. Se dedica al estudio y profundización de la Sagrada Escritura y de las constituciones, a la formación doctrinal y litúrgica, al cultivo de las virtudes humanas y cristianas, y a la comprensión y experiencia de la vida espiritual. (CC. 88,89)

  • Juniorado

    «(Lc 1, 38). He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”

    El juniorado es una etapa formativa sistemática, que se extiende desde la primera profesión hasta la profesión perpetua. Es un periodo de profundización y personalización de la vida religiosa, y de integración paulatina en la vida comunitaria y apostólica.

    Los dos primeros años se realizan en la casa juniorado, dedicados fundamentalmente a la formación teológica y pastoral. Los años siguientes, la juniora continúa su formación y puede ampliar su capacitación profesional.